El Cambio es Difícil, Pero Merece la Pena

Como coach de padres, sé que a menudo te desafío a considerar hacer cambios significativos en casa. Es fundamental recordar una verdad clave: los niños no nacen con un conjunto completo de habilidades emocionales y sociales. No tienen la capacidad innata para controlar los impulsos, posponer la gratificación o motivarse para hacer los deberes o las tareas del hogar.

Estas son habilidades que los niños deben aprender y practicar con el tiempo. Muchos malos comportamientos son simplemente un síntoma de estas habilidades subdesarrolladas. Puede llevar años nutrir estos rasgos de carácter, y la forma en que educamos influye profundamente en el resultado. Educar a los hijos es un viaje de crecimiento tanto para ellos como para nosotros, ya que es posible que aún estemos trabajando en algunas de estas habilidades nosotros mismos.

Se necesita tiempo para convertirnos en los padres que queremos ser. Este camino requiere autoevaluación y la voluntad de tomar decisiones difíciles, especialmente cuando nos enfrentamos a conflictos o desafíos personales.

La Responsabilidad del Adulto de Cambiar

Cuando la relación entre padres e hijos está en apuros, es vital reconocer que un niño carece de la madurez emocional e intelectual para iniciar un cambio significativo. Esa responsabilidad recae directamente en el adulto.

A menudo, nuestras dificultades como padres provienen de viejos hábitos emocionales y de comportamiento que aprendimos de forma inconsciente a lo largo de los años. Para mejorar nuestras relaciones familiares, debemos estar dispuestos a cambiar estos hábitos: nuestras actitudes, comportamientos e incluso nuestras rutinas diarias.

A menudo, los padres se sienten ambivalentes a la hora de realizar estos cambios. No siempre es resistencia, sino un sentimiento de estar divididos entre los pros y los contras. Para avanzar, debes:

  • Evaluar la importancia del cambio.
  • Crear un plan claro basado en tu visión para tu familia.
  • Encontrar el apoyo que necesitas para llevarlo a cabo.

Por otro lado, es más probable que los niños se resistan. No podemos esperar que entiendan la necesidad de cambio de la misma manera que lo hace un adulto.

Es Más Fácil Empezar que Corregir

El cambio implica dos pasos clave: primero, comprender qué debe cambiar, y segundo, tener la capacidad y el deseo de realizar ese cambio. Ambos pasos llevan tiempo.

Inculcar hábitos saludables en los niños pequeños es mucho más fácil que corregir los malos que ya se han arraigado, como:

  • Malos modales o falta de límites.
  • Hábitos poco saludables de alimentación o sueño.
  • Adicción a los aparatos electrónicos.
  • Falta de disciplina con las tareas del hogar o los estudios.

Cuando no te gusta lo que ves en casa, debes ser tú quien dé el primer paso. Comprométete con los cambios necesarios y prepárate para la reacción de tu hijo. Como dice John Rosemond: “El peor enfoque de crianza es seguir haciendo lo que no funciona”.

El progreso puede ser lento o parecer inexistente a veces, pero recuerda que la perseverancia y la práctica pueden marcar una tremenda diferencia para lograr una vida familiar más feliz y saludable.

Pepa.-

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