Claves para la Convivencia: Cómo Enseñar a tus Hijos a Relacionarse en Paz

La convivencia es un reto incluso para los adultos. Por eso, no es realista esperar que tus hijos se lleven bien de forma natural, que compartan y jueguen sin conflictos. Tampoco es realista asumir que, por sí solos, sabrán gestionar sus enojos y frustraciones. Pero la buena noticia es que hoy puedes empezar a enseñarles.

Lo primero es establecer unas normas de convivencia pacífica para el hogar. Imprímelas y revísalas juntos para que todos las entiendan:

  • Habla con respeto: Nos comunicamos con los demás usando buenos modales y un tono de voz calmado.
  • Resuelve tus diferencias: Buscamos soluciones a los conflictos de mutuo acuerdo. Si la discusión sube de tono, un adulto intervendrá para ayudar.
  • Expresa tu desacuerdo con respeto: Es válido decir “no” y expresar tu opinión sin gritos ni insultos.
  • Acepta el «no»: Es normal sentir tristeza o frustración, pero en ningún caso es aceptable pegar, agredir o faltarle el respeto a un hermano.

Cómo Actuar Cuando Surge un Conflicto

Cuando veas que una discusión comienza a escalar, actúa de inmediato para enseñarles a regular sus emociones. Aquí tienes una guía de lo que debes hacer:

  1. Sepáralos con calma: Antes de que el conflicto se agrave, sepáralos en lugares diferentes por un tiempo prudente. Hazlo con calma y paciencia, usando un tono de voz bajo. Tu objetivo es dar un buen ejemplo de cómo manejar una situación tensa.
  2. No busques culpables: Evita preguntar qué pasó. Si no fuiste testigo, no podrás saber la verdad. Si fuiste testigo o el conflicto es grave, no preguntes, simplemente actúa. Tu objetivo no es encontrar culpables, sino demostrar que no tolerarás una convivencia irrespetuosa.
  3. Guíalos hacia un acuerdo: Cuando la situación se haya calmado, si son lo suficientemente mayores, invítalos a hablar y a encontrar una solución de mutuo acuerdo. Ayúdalos guiando su razonamiento. Si son muy pequeños, simplemente protégelos y ofrece tú una solución.

Cada conflicto es una oportunidad de oro para que tus hijos entiendan que no siempre las cosas serán como a ellos les gustan, y que a veces toca adaptarse a los demás. Así, les enseñas a relacionarse de forma educada y a establecer sus propios límites sin necesidad de gritar, pegar o enfadarse.

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