Hay un viejo dicho que dice: «Habla solo si lo que vas a decir mejora el silencio». Es una frase perfecta para recordar cuando nos sentimos frustrados por el comportamiento de nuestros hijos. Si en ese momento no se nos ocurre nada constructivo que decir, es mucho mejor simplemente guardar silencio.
Gritar, etiquetar, insultar y perder la calma no resuelven los conflictos. En su lugar, crean dificultades adicionales y resistencia, porque estas reacciones:
- Desvían la atención del problema real. El niño ya no se centra en su conducta, sino en la salida de tono del padre, pensando: «Mi padre es injusto» o «Mi madre está furiosa».
- Generan enfado y resentimiento, en lugar de darle al niño la oportunidad de reflexionar sobre lo que hizo mal.
- Hacen parecer que es el padre quien debe resolver el problema, en lugar de que el niño asuma su propia responsabilidad.
- Demuestran una falta de fe en la capacidad del niño para corregir su comportamiento por sí mismo.
Aunque estas reacciones impulsivas a veces puedan tener un efecto a corto plazo, no motivan un cambio verdadero y duradero en el niño. Además, con ellas estamos modelando una forma de actuar ante los momentos de crisis que los hijos acaban interiorizando.
En lugar de reaccionar de forma impulsiva, haz un plan para la próxima vez. No hay necesidad de decir nada en ese momento. Simplemente mantén la calma y reflexiona para que puedas ser el adulto que tu hijo necesita.
Yo ayudo a los padres a hacer el plan. — Pepa W.