Como padres, estamos en un ciclo constante de enseñar y reforzar valores. Aunque podemos guiar a nuestros hijos, en última instancia, ellos tienen el control de su propio comportamiento. A veces, cometerán errores que requerirán corrección, pero nuestra respuesta a esos errores es la clave para un cambio significativo. Ser firmes y consistentes mientras mostramos comprensión requiere paciencia, pero ignorar, quejarse o enfadarse simplemente no resolverá nada.
Te invito a reflexionar sobre tu propio comportamiento como padre, ya que tiene un impacto tremendo en las acciones de tu hijo y en la calidad general de vuestra relación.
Los padres que son disciplinados en su propio comportamiento no pueden garantizar que sus hijos siempre harán lo correcto. Pero sí crean un ambiente donde el niño puede aprender de sus errores sin confusión y de una manera emocionalmente sana.
Cada momento en la vida de un niño es importante, y cada conflicto es una oportunidad para que los padres elijan una respuesta que conduzca al mejor resultado posible.